Cuando el cuerpo susurra lo que la mente ya no puede cargar
Vivimos deprisa. A veces demasiado. Tan deprisa que el estrés y la ansiedad ya no llegan como visitantes ocasionales, sino que se instalan, piden café y se quedan a vivir. El trabajo, las responsabilidades, la presión por hacerlo todo bien —o al menos parecer que lo hacemos— van tensando el sistema nervioso como una cuerda de guitarra a punto de romperse. Y, paradójicamente, cuanto más luchamos contra ese malestar, más se resiste.
En medio de este paisaje acelerado aparece el Tapping, una técnica sencilla que propone algo casi revolucionario: detenerse, tocar el cuerpo y escuchar lo que ocurre dentro.
¿Qué es el Tapping?
El Tapping, también conocido como EFT (Emotional Freedom Techniques), combina principios de la acupuntura tradicional con la psicología moderna. Parte de una idea tan antigua como incómoda: las emociones no solo se piensan, también se alojan en el cuerpo.
Según esta técnica, el estrés y la ansiedad están relacionados con bloqueos en el sistema energético. Al estimular ciertos puntos de acupuntura con suaves golpecitos —nada de agujas, nada de dolor— se envía una señal de calma al sistema nervioso. Como si el cuerpo entendiera, por fin, que ya no está en peligro.
El resultado suele ser sorprendente: la emoción no desaparece por arte de magia, pero pierde fuerza. Como una tormenta que, de pronto, deja de rugir.
¿Cómo se utiliza el Tapping para reducir el estrés y la ansiedad?
Una de las grandes virtudes del Tapping es que puede practicarse como autocuidado, sin necesidad de equipamiento ni grandes rituales.
El primer paso es identificar qué te inquieta. No de forma abstracta, sino concreta: una preocupación laboral, una ansiedad social, un miedo persistente. Nombrar la emoción ya es, en sí mismo, un acto de valentía.
Después, se evalúa su intensidad en una escala del 0 al 10. No para juzgarla, sino para observarla. Como quien mira el mar antes de decidir si entra o no.
A continuación, se formula una afirmación que combine reconocimiento y aceptación. Algo así como:
“Aunque siento esta ansiedad, me acepto y me permito estar en calma.”
Mientras repites esta frase, se van estimulando distintos puntos del cuerpo: la cabeza, las cejas, el contorno de los ojos, la clavícula, debajo del brazo. Golpecitos suaves, rítmicos, casi meditativos. El gesto es simple; el efecto, a menudo, profundo.
Tras una ronda, se vuelve a evaluar la intensidad. Muchas personas notan que ha bajado. Si no, se repite. Sin prisa. El cuerpo no entiende de exigencias.
¿Funciona para todo el mundo?
El Tapping es una técnica segura y accesible para la mayoría de las personas. Puede ofrecer alivio rápido o progresivo, dependiendo del caso y de la constancia. No sustituye a un tratamiento psicológico cuando es necesario, pero puede complementarlo de forma eficaz junto a la terapia, la meditación o el ejercicio físico.
Una reflexión final
El Tapping no promete eliminar el estrés de tu vida —eso sería sospechoso—, pero sí propone algo más realista: cambiar la forma en que te relacionas con él. Escuchar al cuerpo cuando la mente está saturada. Aflojar, aunque sea un poco, la cuerda.
Quizá la calma no llegue de golpe. Pero a veces basta con que llegue lo suficiente
Nota: Este artículo proporciona información general y no pretende reemplazar el consejo médico o terapéutico profesional. Siempre consulta con un profesional de la salud antes de realizar cambios en tu tratamiento o abordar problemas de salud mental.


